Mesoamérica acelera esfuerzos para conservar el 30 % de su territorio y zonas marinas en 2030
Mesoamérica busca acelerar sus esfuerzos para conservar al menos el 30 % de sus áreas terrestres, aguas continentales y zonas marinas para 2030.

MÉRIDA, MÉXICO 25 de agosto de 2026 – Mesoamérica busca acelerar las acciones para conservar al menos el 30 % de sus áreas terrestres, aguas continentales y zonas marinas para 2030, una meta que exigirá no solo ampliar los espacios protegidos, sino garantizar su manejo efectivo, conectividad ecológica y financiamiento sostenible, según información de EFE.
El desafío será uno de los temas centrales del Foro Regional Mesoamérica hacia el 30×30, previsto para el 1 y 2 de septiembre en Mérida, México. El encuentro reunirá a autoridades ambientales, pueblos indígenas, organizaciones sociales, científicos y representantes de organismos de cooperación y financiamiento.
La iniciativa responde a la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022, que plantea conservar y gestionar eficazmente al menos el 30 % de las áreas terrestres, aguas continentales y zonas costeras y marinas del planeta antes de finalizar esta década.
El objetivo regional, sin embargo, va más allá de incrementar el número o extensión de las áreas protegidas. La estrategia apunta a consolidar espacios representativos y conectados, acompañados de modelos eficaces de gestión, participación equitativa y recursos que permitan garantizar su conservación a largo plazo.

En este esquema también tienen cabida las Otras Medidas Efectivas de Conservación basadas en Áreas (OMEC) y territorios administrados mediante diferentes modelos, incluidos aquellos gestionados por pueblos indígenas y comunidades locales.
Uno de los principales retos para Mesoamérica es el carácter transfronterizo de su biodiversidad. Ecosistemas, cuencas hidrográficas, corredores biológicos y extensas zonas forestales atraviesan las fronteras nacionales, por lo que su protección requiere coordinación entre diferentes países.
Una de las experiencias destacadas es el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, que articula acciones entre México, Guatemala y Belice en uno de los principales bloques de selva tropical de la región. La iniciativa combina conservación, restauración, conectividad ecológica y desarrollo sostenible.
Este modelo podría servir como referencia para integrar áreas protegidas, territorios indígenas, corredores biológicos y paisajes productivos, evitando que los esfuerzos de conservación funcionen de manera aislada.
La directora regional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para México, América Central y el Caribe, Úrsula Parrilla, sostuvo que alcanzar el objetivo implica mejorar la calidad de la conservación. Según explicó, el desafío requiere incorporar derechos, participación, conocimiento científico y recursos económicos.
Parrilla señaló además que Mesoamérica ya dispone de experiencias, conocimientos y mecanismos de gobernanza, pero necesita fortalecer su articulación y acelerar su aplicación para que los compromisos internacionales produzcan resultados concretos en los territorios.
El encuentro de Mérida es organizado por la UICN, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), en alianza con la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD).

La iniciativa cuenta además con el respaldo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, mediante el Programa Integrado Bosques de Mesoamérica; el KfW Banco de Desarrollo Alemán, a través de diferentes programas regionales, y el Gobierno de Canadá.
Durante las jornadas también se analizará cómo vincular las políticas de conservación con las agendas agrícolas, económicas y financieras. Uno de los principales desafíos será conseguir los recursos necesarios para convertir los compromisos internacionales en acciones sostenibles en los territorios.
La expectativa es identificar obstáculos técnicos, institucionales y financieros y avanzar en la construcción de una hoja de ruta regional para cumplir la meta 30×30. También se proyecta elaborar un documento estratégico que pueda orientar las decisiones de los países durante los próximos años.
Los resultados del encuentro servirán además para fortalecer la posición regional de cara a la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, prevista para octubre en Ereván, Armenia, y al Congreso Mundial de Áreas Protegidas y Conservadas de la UICN, programado para septiembre de 2027 en Panamá.
Mesoamérica entra así en la recta final hacia 2030 con un desafío que no se limita a alcanzar un porcentaje de territorio protegido. La apuesta regional busca que la ampliación de las áreas conservadas esté acompañada de una gestión efectiva, conectividad entre ecosistemas, participación comunitaria y recursos suficientes para garantizar su permanencia.
Con información de EFE.
A.U.
