Muere Emma Bonino, la política que desafió al Vaticano y transformó los derechos civiles en Italia
Emma Bonino, exministra italiana, excomisaria europea y referente de las luchas por el aborto, las libertades y los derechos humanos, murió a los 78 años.

ITALIA 11 de septiembre de 2026 – Emma Bonino, exministra de Exteriores, excomisaria europea y una de las figuras más reconocidas de la lucha por los derechos civiles en Italia, murió este viernes en Roma a los 78 años, después de una trayectoria política de cinco décadas marcada por la defensa de las libertades individuales, los derechos de las mujeres y las causas humanitarias.
Su partido, +Europa, confirmó el fallecimiento y recordó una vida dedicada a combatir el aborto clandestino, el hambre, la mutilación genital femenina, la pena de muerte, los autoritarismos y otras vulneraciones de los derechos humanos.
Bonino alcanzó notoriedad política durante la década de 1970 como integrante del Partido Radical, desde donde participó activamente en las campañas que transformaron el debate italiano sobre el aborto y el divorcio en una sociedad fuertemente influenciada entonces por la Iglesia católica.
Según recordó La Vanguardia, su activismo por el derecho al aborto estuvo relacionado con una experiencia personal. En 1974 quedó embarazada después de que un médico le hubiera asegurado que era estéril y decidió interrumpir la gestación cuando el aborto todavía era ilegal en Italia. Posteriormente se involucró en la asistencia a otras mujeres y en 1975 llegó a autodenunciarse por ayudar a practicar abortos, lo que derivó en su detención y encarcelamiento.
La legislación italiana que permitió la interrupción voluntaria del embarazo fue aprobada en 1978. Para entonces, Bonino ya se había convertido, junto con Marco Pannella, en uno de los rostros más visibles del movimiento radical y había llegado al Parlamento italiano.
Su carrera trascendió posteriormente las fronteras de Italia. Fue elegida seis veces diputada y dos veces senadora, ocupó responsabilidades ministeriales en diferentes gobiernos y llegó a desempeñarse como ministra de Exteriores, además de asumir las carteras de Comercio y Asuntos Europeos.
De acuerdo con NBC News, Bonino mantuvo durante más de cinco décadas una presencia destacada tanto en la política italiana como en la defensa internacional de los derechos humanos. En 1995 llegó a la Comisión Europea y convirtió especialmente la ayuda humanitaria en uno de los ejes de su actividad, desplazándose a escenarios de guerra y crisis como la antigua Yugoslavia, Ruanda, Sudán y Afganistán.
Durante una visita a Kabul en 1997 llegó a ser detenida durante varias horas por los talibanes. También desarrolló una intensa actividad en defensa de las mujeres en países árabes y pasó largas temporadas en El Cairo, donde construyó vínculos con representantes políticos, intelectuales y organizaciones de la sociedad civil.
Su compromiso con la integración europea constituyó otra de las constantes de su carrera. Defendió una política exterior y de defensa común para Europa y en 1999 intentó convertirse en la primera mujer presidenta de la República Italiana, aunque su candidatura no consiguió los votos necesarios en el Parlamento.
Ese mismo año encabezó la denominada Lista Bonino en las elecciones europeas, que alcanzó el 8,5 % de los votos y llegó a convertirse en la cuarta fuerza política de Italia en aquellos comicios. Años después impulsó +Europa, formación liberal y europeísta.
Bonino también fue cofundadora de Hands Off Cain, organización dedicada a combatir la pena de muerte. Su activismo internacional incluyó además campañas contra la mutilación genital femenina, el hambre y diferentes formas de autoritarismo.
En 2015 anunció que padecía cáncer de pulmón y comenzó un tratamiento de quimioterapia, aunque dejó claro que no pretendía abandonar su actividad política. Meses después informó que la enfermedad se encontraba en remisión y años más tarde aseguró públicamente que había superado el cáncer.
Una de las relaciones más particulares de sus últimos años fue la amistad que mantuvo con el papa Francisco. Aunque ambos tenían posiciones profundamente diferentes sobre asuntos como el aborto y la eutanasia, conservaron un vínculo personal basado especialmente en su preocupación por las poblaciones vulnerables y las causas humanitarias.

Francisco la visitó en su residencia de Roma en noviembre de 2024, poco después de que Bonino hubiera salido del hospital por problemas respiratorios. Durante aquel encuentro, el pontífice la definió como un ejemplo de libertad y resistencia.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, también rindió homenaje a Bonino tras conocerse su muerte. Pese a las profundas diferencias ideológicas que existieron entre ambas, reconoció la importancia que tuvo durante décadas en la vida pública del país y su determinación para defender sus convicciones.
El Gobierno italiano decidió concederle funerales de Estado, un reconocimiento reservado a altas autoridades y personalidades consideradas de especial relevancia para el país.
Emma Bonino deja una trayectoria estrechamente vinculada a algunas de las principales transformaciones sociales y políticas experimentadas por Italia durante el último medio siglo. Desde las campañas por los derechos civiles de los años setenta hasta su trabajo humanitario y europeísta, convirtió la defensa de las libertades individuales en el eje de prácticamente toda su vida pública.
Con información de NBC y La Vanguardia.
A.U.
