Murió el sacerdote jesuita Javier Giraldo, referente de los derechos humanos en Colombia
Javier Giraldo Moreno, sacerdote jesuita y referente de la defensa de los derechos humanos en Colombia durante cinco décadas, murió a los 82 años.

BOGOTÁ, COLOMBIA 25 de agosto de 2026 – El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno, reconocido por una trayectoria de cinco décadas dedicada a la defensa de los derechos humanos, el acompañamiento a víctimas y la documentación de la violencia en Colombia, murió a los 82 años. Su trabajo estuvo estrechamente ligado a comunidades afectadas por el conflicto y a organizaciones dedicadas a preservar la memoria de graves violaciones de derechos humanos.
Según información publicada por Colombia Plural, Giraldo sufrió una caída durante la noche del lunes 17 de agosto y, debido a la gravedad del golpe, tuvo que ser trasladado de urgencia al Hospital San Ignacio de Bogotá.
Giraldo tuvo formación en sociología, literatura, filosofía y teología. Fue licenciado en Filosofía y magíster en Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, además de realizar estudios de especialización en la Universidad de París. Su pensamiento estuvo profundamente influenciado por el sacerdote Camilo Torres Restrepo, a quien escuchó personalmente en Medellín en 1965.
De acuerdo con Pares, aquel encuentro ocurrió cuando Giraldo tenía 21 años y realizaba labores de voluntariado en un hospital de Medellín. Las ideas de Camilo Torres marcaron su posterior compromiso cristiano con las luchas sociales y su cercanía con los postulados de la teología de la liberación.
Durante la década de 1970 se vinculó al Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), donde desarrolló parte importante de su trabajo con sectores populares urbanos y comunidades campesinas. Con el paso de los años asumió un papel destacado en la documentación de violaciones de derechos humanos a través del Banco de Datos del CINEP.
Uno de los episodios que marcó su trayectoria ocurrió después de la desaparición de 13 jóvenes en Bogotá en 1982. Según el relato publicado por Pares, Giraldo, quien había conocido experiencias de familiares de desaparecidos de Argentina, Chile y Brasil, localizó a las familias y promovió su organización para exigir respuestas de manera conjunta.
De ese proceso surgieron las denominadas “Marchas de los claveles blancos”, realizadas los jueves en Bogotá, y posteriormente la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (ASFADDES), organización que se convirtió en un referente de la búsqueda de personas desaparecidas y de la lucha contra la desaparición forzada en Colombia.
Su trayectoria también estuvo vinculada a la creación de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Colombia Plural señala que fue cofundador de la organización en 1988, mientras Pares destaca su liderazgo en la conformación de este espacio para acompañar a comunidades afectadas por la violencia y promover la defensa de los derechos humanos.
Entre las comunidades que recibieron su acompañamiento sobresale la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, en Antioquia. Giraldo mantuvo durante años una estrecha relación con sus habitantes y acompañó sus denuncias frente a los hechos de violencia que golpearon ese territorio.
El sacerdote también ejerció como secretario para América Latina del Tribunal Permanente de los Pueblos durante la sesión sobre Impunidad y Crímenes contra la Humanidad en América Latina, desarrollada entre 1989 y 1991. Sus denuncias sobre violencia, paramilitarismo y responsabilidades de agentes estatales le generaron amenazas y lo llevaron a permanecer durante distintos periodos fuera del país, entre ellos en Estados Unidos y Holanda.
Su vínculo intelectual y espiritual con Camilo Torres se mantuvo hasta sus últimos años. Colombia Plural destaca que Giraldo impulsó desde 2019 gestiones estatales dirigidas a localizar los restos del sacerdote y que estuvo presente cuando fueron recibidos en febrero de 2026, seis décadas después de su desaparición. Su último artículo publicado estuvo dedicado precisamente a ese episodio y al concepto de “amor eficaz” asociado al pensamiento de Torres.
En sus últimos años, Giraldo continuó pronunciándose sobre la situación de los líderes sociales y defensores de derechos humanos en Colombia. Sus reflexiones mantuvieron como ejes la impunidad, la violencia contra las comunidades y la necesidad de fortalecer las garantías para quienes defienden derechos en los territorios.
Su muerte deja uno de los legados más extensos dentro del movimiento colombiano de derechos humanos: desde el acompañamiento a familiares de desaparecidos y comunidades campesinas hasta la construcción de archivos destinados a documentar hechos de violencia y preservar la memoria de las víctimas.
Con información de Pares y Colombia Plural.
A.U.
