¡Paremos el fentanilo!

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Colombia entera, Antioquia y Medellín, están frente a un desafío gigantesco: el fentanilo. Este opioide sintético, cuyo consumo y producción se expanden rápidamente por varios continentes, ya toca a las puertas del país y nos puede llevar a un nuevo ciclo de violencia y a una crisis de salud peor que la que hemos tenido con el bazuco.

Análisis Urbano ha publicado sólidos indicios de que los cárteles mexicanos intentan trasladar la producción de esa droga a Colombia, y específicamente a Medellín, asociados con grupos delictivos locales con los que han manejado durante años el tráfico de cocaína hacia los principales centros de consumo.

El mayor peligro de que la producción de fentanilo llegue a Colombia y a Medellín es que, de manera inevitable, esa droga acabará inundando nuestras calles, generará miles de adictos y causará muchas muertes por sobredosis. Los narcóticos baratos y fuertemente adictivos –como lo es el fentanilo–, siempre terminan generando un mercado interno en los países que los producen.

 Y esta alerta que estamos lanzando también va para los grupos del crimen urbano del Valle de Aburrá, en especial para los que ya han iniciado contactos con los cárteles mexicanos para producir fentanilo en laboratorios clandestinos en nuestra región para traficarlo a Estados Unidos.

Si bien es una renta ilegal de alta rentabilidad, las organizaciones criminales que se vean tentadas por el fentanilo deberían de tomar en cuenta que ese narcótico no solo es letal para quienes lo consumen sino, también, para quienes lo producen.

Debido al gravísimo problema de salud pública que representa para Estados Unidos la epidemia de muertes por fentanilo –esa droga mató a 74 mil estadounidenses por sobredosis el año pasado, más de 200 cada día—, las autoridades de ese país están ávidas de mostrar resultados en el combate a ese narcótico y, como siempre, su incapacidad para desarticular a los grupos criminales gringos, los lleva a poner el acento en los países latinoamericanos.

La presión que están ejerciendo sobre el gobierno de México para que combata a los cárteles que compran esa droga o sus precursores a las mafias china ha desatado una persecución sin precedente del cártel de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación. Por eso, estas organizaciones buscan trasladar parte de su producción a Colombia.

Pero las organizaciones criminales colombianas y los grupos del crimen urbano en Medellín deben saber que, si Estados Unidos los ha perseguido persistentemente a través de la DEA por traficar cocaína, si dan el salto al fentanilo esa persecución será aún más feroz y las posibilidades de negociar tratos judiciales en las cortes federales estadunidenses se reducirá en forma drástica.

Lo mejor, desde luego, es enfrentar el fentanilo como lo están haciendo Canadá y el estado de Oregon: con la regulación de esa droga por parte de las autoridades de salud, que la proporcionan a los adictos en centros de consumo controlados que cuentan con naloxona (medicamento que revierte una sobredosis de opioides sintéticos) y con tratamientos de rehabilitación para quienes opten por superar la dependencia.

Pero ya sabemos que quienes llevan la voz cantante en Estados Unidos en materia de política de drogas son los sectores más conservadores de ese país, por lo general del Partido Republicano, quienes no ven otro camino que la represión y el combate a la producción y al tráfico de narcóticos en América Latina, sin hacer demasiado en el frente interno, ni en políticas de prevención del consumo ni en el combate efectivo a los cárteles de las drogas domésticos, que son los que finalmente ponen los narcóticos en manos de los consumidores sin que la DEA ni las policías locales les compliquen demasiado ese entramado delictivo.

Este también es un llamado de atención a la Policía Nacional y a los gobiernos Nacional, Departamentales y Municipales. Es hora de impedir que la letal industria del fentanilo se instale en Colombia y termine por erigirse en un nuevo obstáculo para la Paz Total y en nuevo problema de seguridad y de salud pública.

Sobre todo, si tomamos en cuenta que el negocio de la cocaína va en declive y que los opioides sintéticos, especialmente el fentanilo, están reconfigurando el negocio ilegal del narcotráfico a nivel global.

El presidente Gustavo Petro sabe a los que nos enfrentamos. Él ha dicho que el fentanilo es “lo peor de lo peor”.

¡Estamos a tiempo de actuar, de hacer algo, tanto en Colombia, como en Medellín!

¡No nos quedemos de brazos cruzados!

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