Viaje al bastión de “Los Sinaloa”, en el sur profundo de Colombia

FECHA:

(La Agencia de Prensa Análisis Urbano participó en la investigación periodística y publica este trabajo con la autorización de la revista mexicana Proceso)

Por Rafael Croda

Piamonte, Cauca, 10 julio de 2023.- En una zona húmeda y remota del sur de Colombia, en la que confluyen los departamentos de Caquetá, Putumayo y Cauca, y cuyo epicentro es el municipio de Piamonte, una estructura armada ilegal llamada “Los Sinaloa” ejerce con un ejército de sicarios el control del territorio e impone su ley con frialdad implacable.

Ellos se presentan, de acuerdo con la ocasión, como una “sucursal colombiana” del Cártel de Sinaloa, o como “Comandos de la frontera”, una “organización político-militar” que quiere negociar la paz con el gobierno del presidente Gustavo Petro.

Lo que es un hecho es que en esta región cercana a Ecuador y delimitada por ríos de abundante caudal, gran parte de la población es presa de una desbocada corriente de miedo.

“Los Sinaloa” impusieron un régimen de prohibiciones en el que ningún campesino cocalero puede comercializar la pasta base de cocaína con el mejor postor. Solo pueden venderles a ellos. Ningún motociclista puede circular con casco, tiene que llevar la cara descubierta para que la estructura armada pueda identificar a sus enemigos y también a los extraños. Los jóvenes tienen prohibido consumir drogas y excederse con el alcohol. A los ladronzuelos y a los habitantes de la calle con enfermedades mentales, los matan. 

El grupo armado tiene “campaneros” (vigilantes) que reportan por radios y teléfonos celulares a sus jefes todo lo que ocurre en las polvorientas calles de Piamonte y en las veredas, caseríos y municipios que circundan a esa población. Los escabrosos caminos de la zona son patrullados en motos por hombres con pistolas a los que todos saludan con nerviosa cortesía.

“Ellos han impuesto un clima de terror”, dice a Proceso la presidenta de la Asociación Municipal Campesina de Trabajadoras y Trabajadores de Piamonte, Cauca (Asimtracampic), Maydany Salcedo, quien el año pasado debió huir de la región por las amenazas de muerte de “Los Sinaloa”. 

Hace unos días, Maydany regresó a Piamonte en una camioneta blindada, con dos escoltas de la Unidad Nacional de Protección (UNP) y con un pelotón del Ejército al mando de un teniente que esperó a que tuviera reuniones comunitarias encerrada en la oficina de Asimtracampic. Al cuarto día, la volvió a sacar de allí, del bastión y santuario de “Los Sinaloa”.

Maydany Salcedo, foto cortesía.

Piamonte es la capital natural de una amplia zona cocalera que abarca tres departamentos en los que se concentra la tercera parte de los cultivos de hoja de coca en Colombia: unas 56 mil 800 hectáreas que pueden generar unas 390 toneladas de cocaína cada año, según datos de la Oficina de Naciones Unidas contras la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés).

“Los Sinaloa” tienen una fórmula vieja y simple para controlar parte de esa apetitosa renta criminal: plata o plomo. En los hechos, este modelo de negocios consiste en que todo campesino que siembra y procesa coca en esa región debe garantizar la calidad del producto y les tiene que vender “la merca” (la pasta base de cocaína) a ellos, al precio que ellos impongan.

“Si no, aplican la ley del gatillo”, dice un productor de la zona.

Territorio de Los Sinaloa. Foto cortesía.

Un reporte de inteligencia militar señala que, a través del control del territorio y de la producción de droga, la estructura armada ilegal asegura “un suministro constante de cocaína de alta pureza al Cártel de Sinaloa (de México)”, que a su vez proporciona a “Los Sinaloa” colombianos las armas con las que enfrentan a otros grupos que les disputan el territorio.

Para el experto en crimen organizado Luis Fernando Quijano, “Los Sinaloa” son “una extensión del Cártel de Sinaloa en Colombia, una extensión que está creciendo y que podría crecer aún más si la paz total de Petro logra la desarticulación de estructuras armadas que ya están en diálogos con el gobierno, como (las disidencias de las FARC) Segunda Marquetalia y el Estado Mayor Central”.  

Por los rumbos de El Remanso

Uno de los jefes de “Los Sinaloa”, que se hace llamar “Equis”, está sentado en la banca de un salón de billar ubicado en una calle empedrada de Piamonte. Varios hombres discretamente empistolados juegan “pool” en dos mesas.

Piamonte. Foto Alcaldía municipal.

“Equis” no se puede grabar audio ni video en el pueblo. “Eso es prohibido aquí”, afirma. Luego de una llamada por celular, autoriza al reportero “seguir” el camino hacia una vereda llamada El Remanso.

Dos horas después de un trayecto en moto por una brecha áspera y estrecha, en una casa de madera cercana a El Remanso donde venden cervezas, refrescos, queso fresco y latas de sardinas, está un hombre de unos 40 años con un el fusil a un lado. Se identifica como “mando medio”.

Reitera que no se puede grabar video porque sólo el jefe máximo del grupo, “Alacrán”, puede mostrar su rostro. Pero permite sacar una pluma y una libreta para anotar.   

Dice que ellos no son “Los Sinaloa” sino “Comandos de la frontera” y quieren participar en el proceso de paz total que desarrolla el gobierno de Petro con la guerrilla del ELN, las disidencias de las FARC y estructuras delictivas armadas. Pero sólo lo harán si se les reconoce “como actores políticos”.

Foto referenciada.

El gobierno colombiano les ha dado rango de interlocutores políticos al ELN y a las disidencias de las FARC (el Estado Mayor Central, de “Iván Mordisco”, y la Segunda Marquetalia, de Iván Márquez), pero para el resto de estructuras armadas ilegales tramita en el Congreso una ley de sometimiento que contempla penas más bajas a integrantes de esos grupos que se entreguen a la justicia.

 El “mando medio”, que usa una gorra camuflada y gafas oscuras, niega que “Los Sinaloa” ataquen a los ciudadanos indefensos o a los líderes sociales, y descarta que estén involucrados en el narcotráfico. 

“Lo que cobramos nosotros es un impuesto al gramaje (de pasta base de cocaína), y a cambio de eso damos seguridad a la gente”, sostiene.

También rechaza de manera insistente que se llamen “Los Sinaloa”. Ellos son los “Comandos de la frontera”, dice. Y señala que del mexicano Cártel de Sinaloa no conocen “a nadie”.

Desde la tienda rural, ubicada en lo alto de un pequeño cerro, todo el horizonte es verde y despejado. Hay pastizales y árboles frondosos de los que brota el rubor de la tarde.  El jefe de “Los Sinaloa” suda y hace un ademán para que uno de sus hombres le alcance una toalla, con la que se seca el rostro. Afuera del estadero hay caballos con la rienda atada a un palo y varias motos.

No dan mucha cara

“Pacho”, un productor de pasta base de cocaína, cuenta a esta revista que en la región “todo mundo” los conoce como “Los Sinaloa” porque cuando surgieron, en el 2017, comenzaron a trabajar “directamente con Sinaloa”.

–¿Estamos hablando del Cártel de Sinaloa? –se le pregunta a “Pacho”.

Pacho.

–Del Cartel de Sinaloa, pues –dice en su estilo arrebatado, cantinflesco-. De lo que estamos hablando… son mexicanos. Acá hay un grupo mexicano que es Sinaloa, pero ellos acá no trabajan directamente. ¿Entonces qué hacen? Reclutan paramilitares, a los residuos de las autodefensas… de la guerrilla (de las FARC), porque estas personas conocen todos los procedimientos, la munición, el terreno, todo lo que es la droga.

–¿A usted lo reclutaron?

–Yo más que nada trabajo con ellos porque conozco esas vueltas (el negocio) y les vendo la droga.

De acuerdo con “Pacho”, quien dice tener un predio sembrado con nueve hectáreas de hoja de coca, “muchos mexicanos del Cartel de Sinaloa se mantienen por aquí, pero ellos no dan mucha cara, se manejan con bajo perfil, se mantienen más que nada pa’allá pa’dentro, pal monte”.

–¿“Los Sinaloa” violentan a los campesinos y a gente inocente?

–Pues el que no venda la droga directamente a ellos, pues tiene problemas automáticamente, o se tiene que ir, o sencilla y tristemente, como lo es: se muere.

Día de la Memoria – Piamonte. Foto cortesía.

“Pacho” dice que el nombre de “Comandos de la frontera” lo adoptaron “para darse una nueva imagen” y no pasar por narcos. Así buscan dar credibilidad a su estrategia para ser tratados como una organización político-militar en el proceso de paz total del gobierno de Petro, con el que han buscado acercamientos, pero con el que no han hecho ningún contacto formal. 

Netamente narcotraficantes

Según una fuente de inteligencia militar, “Los Sinaloa” comenzaron a operar en 2017, cuando exparamilitares y guerrilleros de los frentes 32 y 48 de las FARC que no se acogieron al acuerdo de paz firmado un año antes con esa guerrilla, ofrecieron al Cártel de Sinaloa mantener el abasto de cocaína de alta pureza a cambio de financiamiento y armas para construir un ejército que estaría a su servicio. 

“Ellos tienen vínculos bastante fuertes con el Cártel de Sinaloa, más con la facción de ‘El Mayo’ (Ismael Zambada) –dice la fuente militar consultada–, lo que les ha permitido tener un control territorial en Caquetá, el suroriente de Cauca y Putumayo, donde tienen una salida estratégica a Ecuador. Son una organización netamente narcotraficante”.

La “marca Sinaloa”, dice la fuente, la han utilizado para atemorizar a sus enemigos e infundir miedo a los habitantes de esa zona del sur profundo de Colombia.

Su enemigo más acérrimo es el Frente Carolina Ramírez del Estado Mayor Central, disidencia de las FARC que les disputa el control del territorio y la cual masacró a decenas de “sinaloas” a principios de este año.

Alias «Iván Mordisco», comandante general de la disidencia de las FARC, llega a Casa Roja donde los comandantes del Estado Mayor Central, la principal disidencia de la guerrilla, se reúnen este fin de semana para presentar una postura común ante el país y el Gobierno, hoy en San Vicente del Caguán (Colombia). EFE/Ernesto Guzmán.

“Eso no salió en la prensa, pero yo tengo las fotos de los muertos, que los sacaban en carretadas”, dice “Pacho”, quien comparte las fotografías en las que se observan al menos 20 cadáveres con tiros de gracia en la cabeza.

La líder social Maydany Salcedo asegura que “Los Sinaloa” se negaron a entregar los cuerpos a las familias, entre ellos los de varios jóvenes a los que reclutaron a cambio de un salario equivalente a 480 dólares mensuales.

  “Les dijeron a las familias: ‘los mataron, pero ustedes calladitos, no se los podemos entregar’, y es tanto el dolor de las madres y los padres… las autoridades no hacen nada, en Piamonte pasa de todo, pero para la autoridad no pasa nada”, sostiene la líder.

“Los Sinaloa” contraatacaron al Estado Mayor Central con ayuda de otra disidencia de las FARC conocida como Segunda Marquetalia, con la cual tienen una estrecha relación y con la que son aliados en las guerras.

“Nosotros estamos en medio de todo eso, de todos lados nos dan bala”, señala Maydany.

Alerta temprana

La Defensoría del Pueblo de Colombia señala en una “Alerta Temprana” que “Los Sinaloa” se autodenominaron inicialmente como «Clan de Sinaloa» y posteriormente “La Mafia” o “La Mafia-Sinaloa”, nombres “que siguen siendo utilizadas por las comunidades para referirse a esta agrupación”, cuyo fundador, Pedro Oberman Goyes Cortés, alias “Sinaloa”, quien fue asesinado por sus propios hombres en 2019.

Un año después, “se presume que ‘Los Sinaloa’ empezaron a hacer parte de ‘Comandos Bolivarianos de la Frontera’, bajo modalidad de tercerización”, indica la Defensoría. Desde 2021, los “Comandos…” se asumen como parte de Segunda Marquetalia y “están referidos en los Decretos de Cese al Fuego Bilateral y Temporal que emitió el Gobierno Nacional el 31 de diciembre de 2022”, como parte del proceso de Paz Total.

Capturas de miembros de Los Sinaloas – Foto Ejército

“Se presume que ‘Los Sinaloa’ continúan haciendo parte de Comandos de la Frontera en la actualidad”, de acuerdo con el informe de la Defensoría del Pueblo conocido por Proceso.

Patrullaje a caballo

En una finca cocalera muy al sur de Piamonte, cercana a la frontera con Ecuador, un grupo de “raspachines” (recolectores de hoja de coca) se disponen a irse a otras plantaciones tras haber culminado sus labores allí. Desde la madrugada cae un diluvio y los “raspachines” esperan en una vivienda de madera, donde estuvieron alojados dos semanas, a que merme un poco el agua. 

A las 10 de mañana el aguacero se transforma en una leve llovizna y el sol comienza a iluminar a lo lejos con un brillo amarillento.

Cuando los “raspachines” se disponen a emprender el camino, uno de ellos avisa al administrador de la finca que por el plano que se extiende frente a la vivienda tres hombres armados con fusiles avanzan a caballo. No tardan en llegar y dos de ellos se apean. Están mojados.

El administrador de la finca pide al reportero meterse a uno de los cuartos y no hablar. Luego sale al encuentro de los visitantes, quienes visten camisetas con marcas deportivas, gorras, botas pantaneras (de hule).

Él los saluda y les ofrece comida caliente, pero dicen que tienen prisa y sólo le piden una toalla, para secarse.  Se marchan media hora después, una vez que tomaron café con pan.

“¡Jueputas!”, exclama el administrador entre dientes cuando ya no lo escuchan, cuando se enfilan a paso lento en sus caballos hacia la finca contigua.

–¿Sinaloas? –le preguntamos.

 –Sinaloas, comandos… la misma mierda –dice.

PROCESO

RC                

COMPARTIR NOTICIA:

Síguenos en redes

145,000FansMe gusta
3,100SeguidoresSeguir
20,100SeguidoresSeguir
21,388SeguidoresSeguir
21,600SuscriptoresSuscribirte

Muro de Facebook

Popular

Más Noticias

Cárcel para alias Camilo, presunto líder de ‘Los Pachenca’ en Magdalena

MAGDALENA, COLOMBIA (24 ABR 2024) - En una operación...

Condena de 20 años en Caquetá por tentativa de feminicidio y abuso sexual

PUERTO RICO, CAQUETÁ, COLOMBIA (24 ABR 2024) - En...

Seguridad en Carretero Central: Detenidos por robos de alta cuantía

OCAÑA, NORTE DE SANTANDER, COLOMBIA (24 ABR 2024) -...