Mientras más de 9.000 soldados de la Fuerza de Tarea Conjunta Hércules intentaban darle cacería a Guacho, jefe del Frente Óliver Sinisterra y uno de los disidentes de las Farc más buscados, en las calles de Tumaco comenzaba a cocinarse un acuerdo para frenar los muertos que caían día a día en medio de la eterna guerra por el control del narcotráfico. El año 2018 había iniciado con una cifra escalofriante: 12 asesinatos en los tres primeros días de enero, todos llevados a cabo por sicarios.

El gobierno de Juan Manuel Santos había declarado enemigo público a Walter Patricio Arizala, el verdadero nombre de Guacho, y se lo hizo saber enviando las tropas a Tumaco en enero de 2018. Tres meses antes su nombre apareció en todos los medios de comunicación cuando el entonces ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, culpó a la disidencia liderada por Guacho de ser el responsable de la masacre en la veredea El Tandil, en la zona rural de Tumaco, donde murieron acribillados 7 campesinos cocaleros. Sin embargo, las pruebas no apuntaban hacia la disidencia, sino hacia el Esmad y la Policía. Aunque en una entrevista que le dio a RCN el líder del Frente Óliver Sinisterra dijo que no tenía nada que ver, los ojos de la prensa y todo el Estado se postraron sobre la región, algo que sus enemigos como las Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP), encabezadas por ‘David’, y a Contador y su socio Mario Lata, dos de los narcos más poderosos en Tumaco, no toleraron.

Ante las amenzas de los otros capos que se disputaban la región, Guacho, quien comenzó con 46 hombres de la antigua guerrilla de las Farc y en un año había logrado armar a más de 140 a punta de coca y negocios con los narcos ecuatorianos, que conocía bien y con quienes hacía negocios desde el Alto Mira hasta Esmeraldas, del otro lado de la frontera, respondió con terror. Empezó a asesinar líderes cocaleros a los que presionaba fuertemente y en los tres primeros meses de 2018 puso un carro bomba en San Lorenzo, Esmeraldas, que mató a 28 policías ecuatorianos, tumbó dos torres dejando sin luz a todo Tumaco y ordenó el secuestro y posterior asesinato de los tres periodistas del diaro El Comercio. Fue la gota que rebasó el vaso.

En Cali se reunieron David, a quien Guacho le estaba torciendo gente en la zona del río Rosario y Mira, y los enviados por Mario Lata y Contador, el principal vendedor de coca al Cartel de Sinaloa, para decidir qué hacer con Guacho. Mario Lata, un hombre que en los últimos diez años ha estado con los paramilitares, luego pasó a los Rastrojos y terminó en la Columna Daniel Aldana de las Farc, hasta que se dedicó de lleno al narcotráfico con la desmovilización, propuso ponerle precio a su cabeza, una tarea que él lideraría para quitarle el control al jefe del Óliver Sinisterra sobre el kilómetro 37 por la vía a Llorente y los barrios Humberto Manci y El Voladero en Tumaco.

Guacho era el capo más buscado de Tumaco, pero no el más poderoso. David (derecha) tomó el control de las Guerrillas Unidas del Pacífico después de la muerte de su hermano, alias Don Y, que las fundó como otra disidencia de la guerrilla antes de la firma del acuerdo de paz.

Sin embargo, poco tiempo después, el 8 de septiembre, el presidente Iván Duque anunció el abatimiento del jefe de las Guerrillas Unidas del Pacífico, alias David, quien heredó el mando de su hermano alias Don Y, que también fue disidente de las Farc y fue asesinado por la guerrilla en una especie de purga, al mismo tiempo que firmaban el acuerdo de paz en 2016. El operativo se llevó a cabo en el corregimiento de San Juan, zona rural de Tumaco, donde fue encontrado gracias a un GPS que se había logrado infiltrar en una vela. En el operativo también murió su hermana Carmen, que controlaba las finanzas, por lo que el grupo quedó en manos de alias Borojó.

Su muerte vino acompañada el 15 de septiembre de 2018 por otro anuncio del presidente: en un operativo del Ejército, Guacho había sido herido por un francotirador. Aunque el gobierno le perdió el rastro al narco, poco tiempo después retomó nuevos operativos en su contra. Pero en Tumaco las órdenes que impartía Guacho dejaron de llegar de su propia voz y hacia mediados de octubre fue Carlos Arturo Landázuri Cortés, alias El Gringo, el hombre de confianza de Guacho, quien tomó el relevo del Frente Óliver Sinisterra, algo que los tumaqueños tomaron como la confirmación de la muerte antiguo jefe disidente, más de un mes antes de que Duque anunciara su baja en diciembre.

Las desaparición de David y Guacho, que estuvieron rodeadas de incertidumbre, fueron aprovechadas por Contador y Mario Lata, quien a pesar de tener fama por su sevicia, se hizo querer siendo mediador de conflictos entre la población y los jóvenes que estaban al servicio del narcotráfico y pagó las deudas que los dos capos dejaron pendientes, algo que disparó su popularidad y lo llevó a tomar el control del Río Mira, antes en poder de Guacho, y varias zonas dentro de los barrios que controlaban David —Ciudadela, Los Ángeles, Buenos Aires, Viento Libre, Panamá— y Guacho —Humberto Manci y El Voladero—.

Mario Manuel Cabezas, conocido como Mario Lata (izquierda), ya había sido capturado en 2013 por las autoridades ecuatorianas, pero al quedar libre, volvió a Tumaco para tomar el control del narcotráfico en alianza con Contador (derecha), de quien las autoridades tienen muy poca información: nació en Medellín en 1980, se mueve en camionetas blindadas por Tumaco y solo existe un retrato hablado que ayuda a identificarlo.

El poder que Mario Lata y Contador empezaban a adquirir forzó al Gringo y Borojó a tomaran cartas en el asunto. En una alianza para acabar con sus enemigos, lograron infiltrar el segundo anillo de seguridad de Mario Lata y el 24 de noviembre intentaron sin éxito matarlo en su campamento, en Llorente.

Desde muy temprano en la mañana varios hombres de El Gringo comenzaron a moverse por la zona donde se encontraba Mario Lata para arrinconarlo en su campamento. Lata tomó la decisión de dividir su primer anillo de seguridad compuesto por 7 hombres, entre ellos alias Janer y Pichi, y encabezado por alias El Soldado, para que cuidaran las dos entradas de la zona, quedándose únicamente con su segundo anillo de seguridad, del que hacía parte alias El Caleño, el hombre que estaba infiltrado en su grupo. Aprovechando el descuido de Lata, habló con sus hombres más cercanos y los convenció de entregarles los fusiles que tenían en las garitas del campamento con la excusa de que el jefe había dado la orden de apoyar una de las entradas donde, al parecer, había movimientos extraños. Con el primer anillo desarmado, El Caleño se devolvió para la casa de Mario Lata y, creyendo que estaba en el cuarto, disparó por una ventana hacia la cama, donde se encontraba la compañera del capo, mientras este estaba en el baño, quien al final logró escapar hacia la parte baja del río.

Desesperados por el recrudecimiento de la guerra en los barrios de Tumaco, varios líderes presionaron para lograr un pacto que frenara los asesinatos. Un diálogo el que José Castro, alias el Doctor, quien supuestamente se había desmovilizado de la Columna Daniel Aldana y estaba acogido a la JEP, jugó un rol clave. Aunque el Doctor fue capturado en enero de este año tras ser pedido en extradición por los Estados Unidos, alcanzó a promover el pacto entre El Frente Óliver Sinisterra encabezado, por El Gringo, y las Guerrillas Unidas del Pacífico, dirigidas por Borojó, para que se aliaran en contra de Mario Lata y Contador y así sacar a su gente de los barrios de Tumaco.

Por lo menos cuatro líderes y alias El Doctor lograron sentar a Borojó y al Gringo para asegurar el pacto. En diciembre de 2018, cuando aún el gobierno Duque no había anunciado la muerte de Guacho, se reunieron en una casa de seguridad en El Bajito, zona urbana de Tumaco, en el río Rosario. El acuerdo también incluyó frenar los ajusticiamientos en las calles, algo que se podría traducir en la baja de asesinatos que se vio reflejada desde aquel día y durante los primeros 40 días del 2019 cuando no se registró ninguna muerte en Tumaco, pero al mismo tiempo aumentaron las personas reportadas como desaparecidas, algunas de ellas posteriormente encontradas en la zona rural del puerto.

Mario Lata y Contador tuvieron que replegarse fuera de Tumaco hacia las veredas, donde la guerra no ha mermado, y perdieron el control que habían adquirido dentro de los barrios que hoy controlan El Gringo y Borojó. Sin embargo, el pacto entre el Frente Óliver Sinisterra y las Guerrillas Unidas del Pacífico no ha logrado sostenerse en el tiempo y hoy pende de un hilo. El desespero por la disminución de las exportaciones de coca, que por evadir la presión de las autoridades sobre Tumaco se han desplazado junto a los mexicanos hacia Buenaventura y Cali, puede llevar a que brote nuevamente la guerra de todos contra todos y la muerte regrese a las calles de este populoso puerto sobre el Pacífico.

Tomado de Las2Orillas

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