La guerra fratricida que se vive en el Bajo Cauca pareciera tener la modalidad de la Ley de Talión: “ojo por ojo, diente por diente”. Ante el más mínimo ataque de un bando, como son Los Caparrapos, quienes tienen sus dominios cruzando el peaje de Tarazá, que divide los límites entre dicho municipio y Cáceres, siendo éste la “frontera invisible”, es respondido por una acción más criminal por parte de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia –AGC-, quienes controlar los corregimientos de El Doce y Barro Blanco, en Tarazá, y Puerto Valdivia, en Valdivia, extendiendo sus dominios a Yarumal, Santa Rosa de Osos, Campamento, Briceño y Angostura, a través de plazas de narcomenudeo.

La granada lanzada contra un grupo de personas que departían en un establecimiento comercial del corregimiento de El Doce, en Tarazá, habría sido un atentado perpetrado por hombres de Los Caparrapos, procedentes del corregimiento de Guarumo, en Cáceres, en donde se refugian los sicarios que cometen los homicidios y los atentados. Allí tiene su centro de operaciones alias “La Paisa”, quien dentro de dicha organización tienen el control del microtráfico. Cerca de allí, en el corregimiento de Piamonte, la fortaleza del crimen heredero del Bloque Mineros de las AUC, tendría el mando alias “Caín”, máximo cabecilla de dicha organización. Allí se habría planeado el atentado en dominios de las AGC.

La respuesta de las AGC, a través del Frente Julio César Vargas, que opera en El Doce, habría sido el envío de un grupo de hombres –aproximadamente 15- a través del río Cauca hasta llegar al corregimiento de Guarumo, en Cáceres, en donde irrumpieron en una vivienda en donde se encontraban varios adultos y un menor. Dos de ellos habrían sido sacados de la vivienda, los hicieron arrodillar y los ajusticiaron con tiros de gracia. Otro adulto y un menor murieron por el impacto de la granada lanzada contra la vivienda. El caos de apoderó el caserío. En el corazón de Los Caparrapos se cometió una masacre de 4 personas.

Información de inteligencia ha logrado determinar que el Bajo Cauca se encuentra en disputa por una alianza criminal que hace unos años sería impensable.
El Frente Julio César Vargas de las AGC, que tiene su centro de operaciones en El Doce, tendría una alianza con las disidencias del Frente 36 de las FARC, al mando de alias “Ramiro”, y con el Frente Compañero Tomás del ELN. El otro bando estaría integrado por Los Caparrapos (Frente Virgilio Peralta cuando fueron de las AGC), que tendrían una alianza con las disidencias del Frente 18 de las Farc, al mando de alias “Cabuyo”, lo cual les ha permitido incursionar en el sur de Córdoba y cometer varios crímenes. Los dos bandos estarían siendo financiados por los dos carteles mexicanos identificados en terreno en el Bajo Cauca: Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, quienes no comparten el negocio, sino que atizan el conflicto para buscar mayor producción y exportación de base de coca y coca procesada.

El triángulo que crean los municipios de Tarazá, Cáceres y Caucasia se ha convertido en un espacio de disputa territorial, en donde la guerra no da tregua y los índices de homicidios crecen en la misma medida en que se enriquece el crimen, que además de ser narcotraficante, explota la minería ilegal y envenena el río Cauca. El Bajo Cauca está perdiendo la guerra.