Criminalidad

[Video] Guerra contra el crimen extranjero en Itagüí: En El Ajizal matan a Luis Eduardo, un joven venezolano de 21 años

La ONG Corpades explica que la transformación del crimen urbano-rural en Medellín y el Valle de Aburrá ha sido evidente desde hace varios años.

Análisis Urbano 11 min de lectura
[Video] Guerra contra el crimen extranjero en Itagüí: En El Ajizal matan a Luis Eduardo, un joven venezolano de 21 años

Antioquia, Colombia, 27 mayo de 2026.- La violencia continúa escalando en la zona rural del municipio de Itagüí, específicamente en la vereda El Ajizal, epicentro de una confrontación armada que se extiende a las veredas Los Gómez y El Porvenir. En los últimos diez días, se han registrado cinco homicidios, lo que ha generado gran preocupación entre los habitantes de la zona.

Confrontación armada en El Ajizal, Itagüí: origen y evolución

Según El Colombiano, aunque la violencia se ha intensificado en los últimos días, las autoridades señalan que la confrontación comenzó en febrero, cuando un grupo disidente decidió separarse de la banda El Ajizal. Esta ruptura quedó marcada en marzo con el asesinato de Samir Isaac Yepes Figueroa, de 15 años, quien desapareció el 18 de marzo y al día siguiente fue hallado enterrado y envuelto en un costal en un cafetal del sector El Beneficio.

De acuerdo con El Colombiano y testimonios de habitantes del sector recogidos por Noticias RCN, el mando principal de la banda El Ajizal no tenía conocimiento de este homicidio, que habría sido cometido por el grupo disidente. Un vecino señaló: “Se dieron cuenta de que fueron los venezolanos los que cometieron ese hecho atroz sin pedir permiso”.

El alcalde de Itagüí, Diego Torres, ha indicado que, en términos generales, la situación del municipio está bajo control, salvo por la confrontación armada que afecta específicamente a las veredas El Ajizal, Los Gómez y El Porvenir. Por su parte, el comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá (MEVAL) aseguró que la presencia institucional y los patrullajes son suficientes para contener la violencia.

Sin embargo, la criminalidad en El Ajizal continúa en aumento, dejando claro que la ilegalidad armada también define el ritmo de la paz urbana y rural, o de la guerra, sin necesidad de análisis complejos para evidenciarlo.

El último homicidio confirma que los anuncios de tranquilidad y la presencia institucional no han logrado frenar la escalada de violencia. La confrontación entre venezolanos y colombianos por el control territorial en la ruralidad de Itagüí continúa sin ceder.

El martes 26 de mayo, un hombre fue asesinado en un local comercial de la vereda El Ajizal. Se trata del quinto homicidio en diez días en este corredor rural. La disputa entre la banda El Ajizal y un grupo que se independizó de ella mantiene a tres veredas bajo temor constante.

La víctima fue identificada como Luis Eduardo Suarez Guedez, de 21 años y ciudadano venezolano. Fue ultimado a tiros frente al Callejón de Julio, en el taller de motos “Chamo Biker”, ubicado en la Calle 76 de la vereda El Ajizal.

Según las autoridades, el agresor huyó inmediatamente después del ataque. El propietario del taller lo persiguió hasta un parqueadero, mientras el atacante realizó varias detonaciones que dejaron casquillos regados, convirtiéndose en evidencia física para la investigación balística.

Guerra dentro de la banda El Ajizal: venezolanos se enfrentan a sus antiguos jefes

El asesinato del joven venezolano representa el quinto crimen registrado en apenas diez días en el corredor de las veredas El Ajizal, Los Gómez y El Porvenir. Según El Colombiano, esta ola de violencia es consecuencia de una disputa interna entre la banda El Ajizal y un grupo que anteriormente trabajaba para la organización, conformado principalmente por ciudadanos venezolanos, quienes hace tres meses decidieron independizarse. La confrontación tiene su origen en la lucha por el control del microtráfico y las extorsiones en la zona.

Itagüí completa 10 homicidios: cinco crímenes recientes ocurrieron en El Ajizal

Las autoridades reportan al menos 10 muertes violentas en lo corrido del año en el municipio de Itagüí, varias de ellas concentradas en la vereda El Ajizal, que actualmente representa la mayor preocupación por la escalada de violencia en el sur del Valle de Aburrá.

Uno de los casos que marcó el inicio de esta crisis ocurrió el jueves 19 de marzo, cuando fue hallado el cuerpo sin vida de Samir Isaac Yepes Figueroa, de 15 años, abandonado en bolsas en el sector Los Cafetales.

A partir del 17 de mayo, la situación se agravó con una cadena de homicidios ocurridos en distintos puntos de El Ajizal:

  • Domingo 17 de mayo: Alexánder Agudelo Hernández, de 20 años, asesinado en el sector Las Piscinas.
  • Domingo 17 de mayo: Émerson Peña Julio, de 30 años, asesinado en el sector El Porvenir.
  • Jueves 22 de mayo: Cristian Camilo Úsuga Higuita, de 19 años, conocido como “La Chinga”, asesinado en el sector Los Sánchez.
  • Viernes 23 de mayo: Norelkis del Carmen Cepeda Blanco, de 26 años, asesinada en el barrio El Porvenir.
  • Martes 26 de mayo: hombre sin identificar, de entre 20 y 25 años, asesinado en el sector Callejón Los Julio.

Para dimensionar la gravedad de la situación que enfrenta actualmente Itagüí, especialmente en la vereda El Ajizal, cabe recordar que durante todo el año 2025 se registraron 11 homicidios en el municipio. En 2024, la cifra no superó los 15 casos, y en 2023 se contabilizaron apenas 13 hechos violentos.

Sin embargo, el ritmo acelerado de asesinatos ocurrido durante las últimas semanas hace prever que estas cifras podrían ser superadas próximamente, a menos que las autoridades implementen una intervención contundente y efectiva, basada en inteligencia, que permita frenar la escalada criminal en este sector del sur del Valle de Aburrá. No se puede olvidar que cada homicidio genera una reacción; en otras palabras, toda acción criminal provoca inevitablemente una respuesta.

Medidas de seguridad evidencian la debilidad institucional

Las medidas de seguridad implementadas no han resultado efectivas, dejando a la comunidad expuesta al riesgo y atrapada entre dos fuegos, a pesar de la presencia estatal en la zona. La ola de violencia reciente llevó a que la Policía recomendara cerrar los establecimientos a las 8 de la noche. Además, en redes sociales circularon publicaciones que sugerían un toque de queda para los jóvenes a partir de las 10 p. m.

Un habitante del sector relató que los enfrentamientos interrumpieron incluso la eucaristía: “El padre tuvo que parar la misa; se armó una oración por lo que estaba sucediendo”, informó El Colombiano. Otro vecino del Callejón de Julio añadió: “El ruido de los disparos fue muy fuerte. Todo el mundo salió a esconderse”. Los comerciantes aseguran que el cierre nocturno los ha afectado económicamente y viven con miedo de abrir sus negocios.

El concejal de Itagüí, Walter Betancur, hizo un llamado urgente a las autoridades: “La gente no puede sentirse agobiada ni con miedo. El comercio está sufriendo. Alcalde, lo invito a que haga una intervención integral en el municipio, especialmente en este sector, porque ya esto está pasando a otras veredas donde también hay miedo y zozobra”.

Para la ONG Corpades, la “recomendación” de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá demuestra que no existe una estrategia sólida para detener el conflicto, desarticular los grupos armados ilegales ni prevenir nuevos hechos violentos. La organización enfatiza que, en lugar de confiar en más policías, cámaras de seguridad o recompensas, es necesario fortalecer la paz urbana y rural mediante una estrategia integral. Corpades recuerda que la ilegalidad armada convive desde hace décadas con la institucionalidad, disputando control social, territorial y económico.

Débil respuesta institucional

El Colombiano informó que un helicóptero de la Policía Metropolitana sobrevoló Los Gómez, El Porvenir y El Ajizal durante el fin de semana, mientras patrullas recorrieron diariamente las vías rurales. Investigadores judiciales y uniformados de otras estaciones del sur del Área Metropolitana reforzaron sus operativos.

El general Henry Bello, comandante de la Policía Metropolitana, explicó: “La confrontación inició desde febrero. Por eso desplegamos todas las capacidades institucionales, nuestras especialidades y un componente especial liderado por nosotros. Hoy contamos con órdenes de captura que deberán materializarse mediante operativos y allanamientos ya ordenados por la Fiscalía”.

Frente a la postura de la Alcaldía de Itagüí, el medio citado indicó que no hubo un pronunciamiento oficial sobre medidas específicas para recuperar el control territorial. En redes sociales, la administración se limitó a señalar que “la Policía Nacional, el Ejército Nacional y demás entidades siguen trabajando constantemente por la seguridad”.

Crónica de una guerra anunciada: la bomba de tiempo en El Ajizal, El Porvenir y Los Gómez

La ONG Corpades explica que la transformación del crimen urbano-rural en Medellín y el Valle de Aburrá ha sido evidente desde hace varios años. Desde el inicio de los acercamientos con estructuras armadas organizadas ilegales, denominadas por el Gobierno como “estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto”, ya se advertía que la presencia de migrantes vinculados a actividades criminales representaba un riesgo para la construcción de la paz urbana.

A medida que los acercamientos evolucionaron a conversaciones, iniciadas el 2 de junio de 2023, el tema permanecía latente: la vigilancia sobre los extranjeros (principalmente venezolanos) armando combos en comunas y corregimientos de Medellín y el Valle de Aburrá era indispensable.

Posteriormente, se identificó que solo unos centenares de extranjeros participaban directamente en bandas y estructuras, armando “rancho aparte”, como parte del problema. Esto coincidió con la llegada de crimen transnacional con rostro venezolano, como Tren de Aragua, Tren del Llano, Los Gallegos, AK 47, así como otras estructuras internacionales: Los Choneros, Los Tiguerones, Los Lobos (del Ecuador), y mafias de Turquía, Europa, Asia, Brasil y Rusia.

Por razones obvias, el crimen transnacional venezolano inicialmente apuntó a sus coterráneos, y luego a colombianos que estaban fuera de estructuras armadas o que buscaban rebelarse. De esta forma surgieron las bandas colombo-venezolanas, que unieron experiencia, armamento y conocimiento para dominar territorios.

El mapa criminal está transformándose

Según Corpades, el mapa de la ilegalidad armada ha cambiado significativamente. Ya no son solo 350 bandas en Medellín, vinculadas a poderosas estructuras como La Oficina, Los Triana, El Mesa y La Nueva Oficina de Occidente. Ahora también se percibe la presencia de “nuevas bandas” con apoyo del Tren de Aragua o en búsqueda de consolidación.

Algunos de los puntos de influencia incluyen la comuna 13 (San Javier), comuna 10 (Centro), corregimiento Altavista, sector El Botadero y San Antonio de Prado, donde existen indicios de que se ha permitido una franquicia del Tren de Aragua, consolidando su presencia en el territorio.

¿El Tren haciendo presencia en Ajizal, Los Gómez y El Porvenir en Itagüí?

Hasta el momento solo se trata de rumores, pero se sabe que un grupo de venezolanos, junto con algunos colombianos, habría decidido separarse de la banda del Ajizal y operar de manera independiente. Según fuentes del sector, estos individuos estarían bien armados y habrían consolidado posiciones estratégicas en las tres veredas mencionadas: El Ajizal, Los Gómez y El Porvenir.

Por su parte, los líderes de la banda El Ajizal creen que esta situación será temporal y confían en retomar el control total de los territorios en disputa. Sin embargo, la comunidad, la institucionalidad y los mismos actores del crimen han comenzado a percibir un posible interés de instalar una célula del Tren de Aragua en esta zona, dada su importancia estratégica para el posicionamiento y la posible expansión hacia San Antonio de Prado, donde ya operaría una franquicia de esta organización.

Hasta ahora no hay confirmación oficial de estos hechos. Corpades advierte que es crucial que los miembros de la institucionalidad no desestimen la situación y que se revise la estrategia de seguridad vigente, priorizando inteligencia y planificación efectiva, en lugar de depender únicamente de planes de choque sin dirección clara.

A.U.


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