Por favor, ¡no a la alborada mafiosa!

Imagen de Análisis Urbano.
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Medellín, 30 noviembre de 2021.- La alborada mafiosa es un fastidio. A pocos les gusta. Es una mezcla de bulla, estruendos, humo por doquier, contaminación del medio ambiente, la muerte de aves y otros animales silvestres, además mascotas asustadas al borde del infarto y seres humanos estresados y trasnochados.

Por eso no puede ser una bienvenida a la Navidad, porque más del 75 % de los medellinenses la detesta.

Entre el otro 25 % están los que gustan de la pólvora que echa luces y que dura escasamente cinco minutos. Esa es bonita y poco afecta. Es tolerable y se puede seguir descansando para ir al otro día a trabajar.

PROPUESTA SIGUE VIGENTE

Pero en ese porcentaje están también los bandidos. Los que empiezan a totear pólvora desde las diez de la noche y siguen hasta las cinco de la mañana. Queman por quemar, porque les gusta cómo suena, afectando a más de 3 millones de habitantes que ocupan el Valle de Aburrá.

Esa es la pólvora que disgusta, que molesta. No se puede negar que detrás de esa quema hay familias que derivan su sustento, que viven de la venta de juegos pirotécnicos o fuegos artificiales, como se les conoce, pero todo tiene un límite.

Que no haya alborada mafiosa es un imposible, lo sabemos. Hace un año, el 30 de noviembre de 2020, la Oficina anunció que no haría la alborada mafiosa, pero la pólvora estuvo presente entre las 11: 55 p.m. de ese día hasta las cuatro de la mañana del día siguiente 1 de diciembre.

RECORDANDO

Desde hace dos décadas estamos solicitando respetuosamente que no se celebre la llegada de diciembre con pólvora, por todos los daños que se causan, porque es más el descontento que la felicidad. Los juegos pirotécnicos son todo un espectáculo, sí, es verdad, pero no a esa hora ni en esa cantidad. La consideración y el respeto también son sentimientos humanos, no causemos daños a otros, por favor.

Significa que es un asunto que no está en manos de la criminalidad, que no está en manos de la Policía y menos de la institucionalidad. Es un tema de educación, de buena cultura.

Tal vez los quemadores de pólvora no atiendan este llamado, pero no descansaremos de pedirlo, de exigirlo, por nuestras mascotas, por nuestros hijos pequeñitos, por nuestros abuelos, por las personas nerviosas: Por favor, ¡no a la alborada mafiosa!

Apunte Urbano

Cada año es lo mismo, la Institucionalidad, en cabeza de la Policía Metropolitana del Valle del Aburrá (MEVAL) ha planteado que la estrategia de seguridad implementada en la ciudad es un éxito total gracias a la lucha exhaustiva que han desplegado para neutralizar el crimen, lo que ha llevado, según su actual vocero, al combate frontal de las más de 350 bandas que operan en el Valle de Aburrá, y que por consiguiente se ha reducido la vacuna, el tráfico de drogas, el pagadiario, el control territorial y el homicidio. Una de las razones que esgrimen para ese supuesto triunfo es el programa Seguridad por Cuadrantes, que “cubre” en su totalidad a Medellín y buena parte del Área Metropolitana.

Se podría pensar que son ciento por ciento veraces los informes presentados a la sociedad y el gobierno central, sin embargo, durante décadas la ciudad recibe balances triunfalistas que terminan opacados cada 30 de noviembre en la noche y 1 de diciembre al amanecer, cuando toneladas de pólvora son quemadas a lo largo y ancho de la ciudad metropolitana.

Son 18 años en que la ciudadanía ha presenciado tan grotesco espectáculo. La llamada alborada —que en realidad debería calificarse como alborada mafiosa— se realiza sin interrupción.

Esta evocación al poder criminal que celebra sus cometidos en cualquiera de sus líneas criminales, tiene una duración de alrededor de catorce horas donde la delincuencia, representada en mafias y bandas criminales, demuestra su poderío territorial, militar y social. En resumidas cuentas: la criminalidad celebra, lo institucional se desvanece y la comunidad se somete.

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