Cárteles mexicanos van por el control total del narcotráfico en Colombia: general Murillo

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El general Fernando Murillo, director de Investigación Criminal de la policía colombiana, dice en entrevista con Proceso que los cárteles mexicanos han incrementado su “presencia” en Colombia a través de enviados que buscan el control directo de todos los eslabones de la cadena del narcotráfico. “No lo vamos a permitir”, afirma.

(La Agencia de Prensa Análisis Urbano publica este trabajo con la autorización de la revista mexicana Proceso)

Por Rafael Croda

Bogotá, Colombia, 26 julio de 2022.- El director de Investigación Criminal e Interpol (Dijin) de la Policía Nacional de Colombia, general Fernando Murillo, está convencido de que cada vez que golpea al Clan del Golfo, la principal organización del narcotráfico en este país, los cárteles mexicanos de la droga acusan el golpe.

“Cuando capturamos a cabecillas del Clan del Golfo, los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación tienen que volver a buscar aliados que le puedan generar las toneladas de droga que requieren y, además, que les garanticen lo que más buscan: que realmente sea una droga de calidad”, dice Murillo.

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En entrevista con Proceso, el director de la Dijin sostiene que, en particular, la captura del jefe del Clan del Golfo, Dairo Antonio Úsuga David, “Otoniel”, en octubre pasado, “afectó el suministro de droga” de los cárteles mexicanos, que tenían una “relación comercial muy cercana” con el que era considerado el principal capo colombiano de la droga.

En respuesta, señala el general, los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación intensificaron el envío de “emisarios” a Colombia para establecer nuevas alianzas con los sucesores de “Otoniel” –Wílmer Antonio Giraldo, “Siopas”; Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, “Chiquito Malo”, y José Gonzalo Sánchez, “Gonzalito”— y con las “disidencias” de las FARC.

“Lo que hemos visto es que los cárteles mexicanos están mandando enviados de confianza, de mucha confianza, que supervisan desde la producción hasta el transporte y la entrega de la droga”, afirma Murillo.

Y sostiene que, a través de esa modalidad, los grandes capos mexicanos “buscan el control de todos los eslabones de la cadena del narcotráfico, el control directo” en Colombia, desde los sembradíos de hoja de coca hasta su transformación en cocaína y su salida al exterior a través de rutas marítimas y aéreas.

Es sintomático, por ejemplo, que en abril pasado haya sido capturado en la suroccidental Cali el mexicano Brian Holguín Verdugo, “El Pitt”, a quien informes de inteligencia consideran un operador de confianza del jefe de la facción histórica del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada.

De acuerdo con las investigaciones, “El Pitt”, requerido en extradición por Estados Unidos, tenía la misión de estrechar relaciones con las “disidencias” de las FARC –como se conoce a las facciones de esa exguerrilla que no se acogieron al acuerdo de paz de 2016 y siguieron en el negocio del narcotráfico— tras la caída de “Otoniel”, el jefe del Clan del Golfo.  

El general Murillo señala que aún más revelador resulta el hecho de que el 19 de mayo pasado hayan sido capturados en aguas internacionales del Pacífico seis ciudadanos mexicanos que transportaban 699 kilogramos de cocaína en una lancha rápida, cuando ese tipo de cargamentos son transportados por lo general por colombianos.

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Los resultados de esa operación, en las que participaron la Dijin, la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), el Comando Sur de ese país y la Armada de México, revelan que los cárteles mexicanos buscan también “el control directo” de la salida de la droga de Colombia hacia Centroamérica y México.  

El director de la Dijin explica que este año han capturado en Colombia 23 mexicanos en el marco de investigaciones contra el narcotráfico en las principales ciudades del país (Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena), y varios de esos operativos han sido realizados de manera conjunta con la DEA.

–¿Este aumento de capturas de mexicanos nos revela un crecimiento de la actividad de los cárteles mexicanos en Colombia? –se le pregunta al general.

–Nos revela una mayor presencia de estos cárteles buscando la comercialización del producto (la cocaína) con organizaciones del narcotráfico colombiano.

Desde 2018, Colombia ha extraditado a Estados Unidos a ocho mexicanos capturados en este país, todos por cargos de narcotráfico, y nueve más se encuentran en procesos de extradición por requerimientos de cortes estadounidenses, mexicanas y de Corea del Sur.

Las narcofiliales

El general Murillo afirma que la Dijin, que es como el FBI colombiano, ha puesto “todas sus capacidades de inteligencia e investigación criminal” en dar seguimiento a las actividades de los cárteles mexicanos en este país, que es el principal productor de cocaína en el mundo.

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De hecho, esas capacidades se han traducido no sólo en operativos contra enviados de los cárteles, sino en informes preventivos y análisis de inteligencia que genera la Unidad Especial de Investigación de la Policía Nacional de Colombia, que se conoce como SIU, por sus siglas en inglés, pues en esa unidad participan varias agencias internacionales.

 El más reciente de esos informes clasificados, al cual tuvo acceso este semanario, se titula “Incidencia de mexicanos en Colombia”, está fechado el 5 de julio de 2022 y tiene afirmaciones contundentes.

 Una de ellas es que “los grandes capos mexicanos buscan adueñarse del negocio del narcotráfico” en este país para “eliminar los costos por transporte y vacunas (‘comisiones’) que les generan los grupos armados y las organizaciones de narcotraficantes en Colombia”.

 Para ello, agrega el informe, “los carteles mexicanos estarían creando filiales en las zonas de mayor producción y embarque de droga, (y) ejerciendo control sobre la comercialización del estupefaciente que ingresa a Centroamérica y Norteamérica proveniente de Colombia, para lo cual inyectan grandes cantidades de dinero destinado para la compra de armas y sostenimiento del aparato criminal” de sus socios colombianos.

El general Murillo dice que, de acuerdo con estimaciones del SIU y el Grupo Especial de Investigaciones Interagenciales (Gesin) de la Policía Nacional, Colombia produce unas 921 toneladas de cocaína al año, de las cuales se llegan a decomisar más de la mitad (505 toneladas en 2020 y 669 en 2021) en territorio colombiano.

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 De las entre 250 y 415 toneladas que quedan tras los decomisos en Colombia, los cárteles mexicanos comercializan “un promedio de 200 toneladas anuales”, indica el director de la Dijin, quien tiene a su mando 14 mil 426 hombres y mujeres dedicados a la investigación criminal.

Esas 200 toneladas alcanzarían un valor de cinco mil millones de dólares a un precio de 25 mil dólares el kilogramo (esa es la cotización de la droga en California, pero en Europa duplica su valor y en Asia lo triplica).  

“Es un negocio muy rentable, con mucha utilidad –dice Murillo–, hay que tener en cuenta que el precio en el que se vende en Colombia es de 4 millones de pesos (colombianos) o 4 millones 500 mil pesos el kilo (entre 918 dólares y mil 030 dólares)”.

–¿Esto quiere decir que la gran ganancia del narcotráfico se queda en gran parte en manos de los cárteles mexicanos? –se le pregunta al general.

–Así se ve, si la compran acá en Colombia. Si la compran en Centroamérica, en Norteamérica, o en otro destino, pues el valor les aumenta.

         De ahí el interés de organizaciones como los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación en controlar el negocio desde las zonas de producción en Colombia. No es lo mismo pagar mil dólares por un kilogramo de cocaína en territorio colombiano, que pagar 12 mil dólares por el mismo producto en puertos del Pacífico mexicano.

El mapa de la mexicanización 

El general Murillo señala que los cárteles mexicanos tienen sus principales vínculos de negocios en Colombia con el Clan del Golfo –que tras la captura y extradición de “Otoniel” a Estados Unidos se dividió entre “Siopas”, “Chiquito Malo” y “Gonzalito”— y con las “disidencias” de las FARC.

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“Se han identificado a miembros de los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación en alianzas con el Clan del Golfo en Chocó y Urabá (en el noroccidente de Colombia) y en (los suroccidentales departamentos) de Cauca, Valle de Cauca y Nariño con las disidencias”, indica el jefe policiaco.

Sobre el riesgo de que la creciente actividad de esos carteles en Colombia se traduzca en la creación de estructuras criminales propias, el general señala que hasta el momento no se ha detectado esa situación.

“Hoy no tenemos una presencia permanente de esas estructuras en Colombia y no creemos que la haya, tenemos muchas capacidades y no lo vamos a permitir; lo que ahora tenemos son enviados”, asegura.

Según el informe de inteligencia del SIU conocido por este semanario, esos enviados se encargan de coordinar los pagos de drogas a las bandas criminales colombianas.

Esos pagos son “en efectivo, pero de acuerdo a los resultados investigativos obtenidos por la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación de Colombia, los pagos también se harían con el suministro de armas modernas, logrando así, fortalecer el arsenal” del Clan del Golfo y las “disidencias”, señala el informe.

–Expertos en seguridad dicen que a los cárteles mexicano no les conviene tener una presencia directa en Colombia, pues ya controlan gran parte del negocio a través de sus socios locales –se le plantea al general Murillo.

–Lo importante para ellos es que ya tienen unas líneas de abastecimiento y comercialización y ni siquiera las mismas organizaciones del narcotráfico de Colombia permitirían que llegaran estos cárteles a realmente tomar el control de todo.

–¿Y frente a este problema común, cómo está la cooperación entre México y Colombia en materia de lucha contra el narcotráfico?

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–Tenemos mecanismos como Interpol, Ameripol y los que utilizan las agencias americanas, como la DEA, y esto nos ha permitido que haya confianza y que haya una articulación en la información.

–Por ejemplo, la Dijin, que está a su cargo, ¿con qué autoridades mexicanas tiene contacto e intercambio de información?

–Nosotros estamos trabajando en este momento a través de Interpol, lo que nos permite tener una comunicación y un intercambio de información permanente entre Interpol-México e Interpol-Colombia.  

–¿Una mayor presencia de enviados de cárteles mexicanos en Colombia se tendría que traducir en una mayor cooperación judicial México-Colombia?

–Definitivamente. Si crece el fenómeno, si crece el problema, se necesitan mayores capacidades conjuntas entre México y Colombia y tenemos que buscar que cada día crezcan más esas capacidades.

PROCESO

RC

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