Las venas siguen abiertas

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Por Maveza

Con bombos, platillos y la malicia propia de nuestros avezados dirigentes políticos, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, anunció desde Asia la donación por parte de los Emiratos Árabes de un total de 45 millones de dólares para el posconflicto en nuestro país; sin embargo, no habían cesado los aplausos cuando el mandatario informó que, de igual manera, los países del Oriente Medio invertirían 1.000 millones de dólares en la explotación aurífera en el páramo de Santurbán; es decir, que nuestro ,gobernante por coger un confite, entregó el paquete completo, y lo más triste, pretendió hacernos creer que el mayor logro de su visita era la «donación» de los árabes.

Empero lo anterior, no debe olvidarse que esta ha sido una práctica constante de nuestros excelsos gobernantes, según informó la Revista Semana, con base en datos aportados por el investigador Guillermo Rudas: «Entre las muchas herencias del gobierno de Álvaro Uribe, la minera es una de las menos conocidas y más relevantes. En los ocho años que gobernó el ex presidente, la superficie de hectáreas con título minero pasó de 1,13 millones a 8,53 millones. Y las hectáreas tituladas en los páramos se duplicó (sic) con creces. Hoy en día, 6.3 % de las hectáreas en los páramos (122 mil) están tituladas.  Lo más asombroso es que la mayoría de los títulos concedidos en el gobierno de Uribe se obtuvieron cuando ya una reforma al Código Minero prohibía la explotación en páramos pero el Presidente aún no había sancionado la ley. En esos ocho meses que se tomó el Presidente para firmar la ley, según datos del investigador Guillermo Rudas, el número de concesiones mineras aumentó drásticamente».

Lo anterior nos recuerda el ensayo periodístico del escritor uruguayo Eduardo Galeano, denominado Las venas abiertas de América Latina, que describe descarnadamente el saqueo de los recursos naturales que ha sufrido nuestra región a lo largo de la historia, primero, a manos de las naciones que conquistaron este territorio entre los siglos xv a xix, y, posteriormente, a manos de los llamados países desarrollados a partir del siglo xx hasta nuestros días. En uno de los apartes del mencionado texto, el autor afirma: «Cuanto más codiciado por el mercado mundial, mayor es la desgracia que un producto trae consigo al pueblo latinoamericano que, con su sacrificio, lo crea». La frase no ha perdido actualidad, si miramos, por ejemplo, El Cerrejón, considerada la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo, entregada en 1976, en el gobierno de Alfonso López, a las multinacionales Xtrata —hoy Glencore—, BHP Billiton y Anglo American. La explotación del mineral solamente le deja a Colombia el 10 % de utilidad, y a ello se suman los graves problemas ambientales que hoy tienen en peligro de extinción a la fauna y la flora de la región, la contaminación de las fuentes hídricas y la aridez del suelo, entre otras. Más grave aún son los constantes homicidios, las agresiones y las amenazas de que son objeto los líderes sindicales de la mina y los líderes sociales y ambientales de la zona por su oposición a las políticas empresariales.

Una situación similar se vive con las demás compañías multinacionales encargadas de la exploración y la explotación de todo tipo de recursos naturales, especialmente los no renovables, dentro de las cuales se enmarcará la empresa de los Emiratos Árabes que realizará la inversión para la explotación de oro en el páramo de Santurbán. La mayor parte de las utilidades serán para la sociedad minera y un ínfima parte en regalías para el país, amén de la infinidad de problemas ambientales que se generarán. Habrá entonces que rememorar nuevamente a Galeano: «Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos».

Definitivamente, la historia de los mal llamados países emergentes o en vías de desarrollo, como el nuestro, ha estado, está y permanecerá signada por el sometimiento a los grandes capitales multinacionales, más aún, cuando nuestra clase dirigente, como consecuencia de su miopía, inmediatez, corrupción y oportunismo va entregando el patrimonio económico de la nación a los mayores depredadores ambientales que, después de obtener el máximo beneficio al menor costo posible, solamente nos dejan muerte, desolación, pobreza, exclusión y altos niveles de contaminación, luego se marchas indemnes en busca de la próxima «oportunidad de negocio» para que los únicos beneficiados sean los «mercenarios» del capital.

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