Otoniel, máximo jefe de las AGC, habla de paz

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Redacción Análisis Urbano

En la mañana de hoy, 5 de septiembre, circuló en los medios de comunicación corporativos y alternativos, además de las redes sociales, el video donde hace aparición Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel, máximo comandante de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) rebautizadas por el gobierno nacional como el Clan del Golfo. Con su uniforme camuflado y un brazalete rojo en el brazo izquierdo, como el que usaba el Ejército Popular de Liberación (EPL), grupo guerrillero en el que militó Otoniel en su juventud, habló por primera vez al país de su voluntad de paz.

Desde un lugar no determinado, ubicado en las selvas colombianas, Otoniel le envió un mensaje al presidente Juan Manuel Santos y, aprovechando la visita del Papa Francisco, le dice al sumo pontífice de la iglesia católica que «somos hombres de Dios respetuosos de la ley divina».

La aparición pública de Otoniel se da días después del abatimiento del segundo cabecilla de las AGC, Roberto Vargas Gutiérrez, alias Gavilán, un hombre recio y forjado en la guerra que declaró objetivos militares a los policías que le siguen la pista desde hace varios años en la subregión de Urabá. [Leer: Abatido Gavilán, jefe militar de las AGC o Clan del Golfo]

Otoniel, pese a que se desmovilizó con el Ejército Popular de Liberación (EPL) en 1991, a la edad de 19 años, con otros 2.500 miembros de esa guerrilla, regresó a combatir unos meses después junto a su hermano Juan de Dios Úsuga, alias Giovanni, en la disidencia de esta guerrilla y posteriormente ingresaron juntos a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) estructura paramilitar mafiosa que se transformó posteriormente en la confederación paramafiosa de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) de las que se desmovilizó en 2005 y finalmente se apartó de este proceso y junto a alias don Mario creó las AGC.

Información confidencial revelada a la Agencia de Prensa Análisis Urbano habla de la existencia de algunos acercamientos y diálogos exploratorios que se estarían dando desde hace meses entre miembros del Gobierno, abogados y voceros autorizados de las AGC, buscando un acuerdo que beneficie a los miembros que integran la organización. Precisamente, alias Gavilán, sería un obstáculo para avanzar, por lo que se especula que luego de su abatimiento se abriría un diálogo directo. [Leer: Antecedentes y propuesta de sometimiento a la justicia para las estructuras armadas de Medellín y su área metropolitana]

Llama la atención que alias Otoniel hable de respetar los diálogos que se realizaron en La Habana, además del que se adelanta en Quito con el ELN, cuando una de las amenazas en la implementación del Acuerdo final para la terminación del conflicto ha sido la expansión del paramilitarismo asociado a la mafia y el crimen trasnacional.

¿De dónde sale el sometimiento?

En el texto renegociado entre las FARC y el Gobierno nacional, aprobado el 12 de noviembre de 2016, quedó incluido el punto 3.4.12: «Sometimiento o acogimiento a la justicia de las organizaciones antes señaladas», como desarrollo de las «Medidas de acción para contener la penetración de las organizaciones y conductas criminales objeto de este acuerdo en el ejercicio de la política» (punto 3.4.11.2.):

En el marco de la justicia ordinaria y con el fin de contribuir a la lucha contra las organizaciones criminales de que trata este punto, fortalecer las garantías de seguridad en los territorios, y facilitar la creación de condiciones favorables para la construcción de la paz, el Gobierno nacional en coordinación con la rama judicial, presentará un proyecto de ley para promover el sometimiento o acogimiento a la justicia de las organizaciones antes señaladas, mediante el procedimiento legislativo especial para la paz.

¿Qué trataría el sometimiento a la justicia?

Lo que debemos abordar con detenimiento es qué plantearán las AGC en su sometimiento a la justicia, bueno sería que explicaran cómo ha sido su accionar en zonas antes dominadas por las FARC, el relacionamiento con la Oficina del Valle de Aburrá (antes de Envigado), y la construcción de la Alianza Criminal del Norte de la que hacen parte bandas como Los Chatas, la Oficina del Doce de octubre, Los Chamizos, Pachelly y El Mesa que ya han hecho su entrada a Ituango, Anorí, Briceño, El Valle de Toledo, Yalí, Vegachí, Amalfi, entre otros municipios, así como su influencia en el Bajo Cauca, en donde se produce parte de la materia prima para el negocio del narcotráfico.

El crimen urbano-rural que implantaron las AGC en diversas zonas de Medellín incluyen territorios como la parte alta de la comuna 8, con epicentro en La Sierra, con el Bloque Sierra; y el Bloque Altavista, en el corregimiento de Altavista, donde trabajan con la banda Mano de Dios o Nuevo Amanecer y se enfrentan a sus antiguos miembros Los Chivos, que recientemente hicieron alianza con Los Pájaros Rebeldes, una disidencia de los Pájaros Pesebreros; además de su proceso de expansión desde el corregimiento de San Cristóbal y los municipios de San Jerónimo, Santa Fe de Antioquia, Buriticá, Sopetrán, Dabeiba, Cañas Gordas y, obviamente, la mayor parte del Urabá antioqueño.

Las AGC deben entregar la totalidad de sus tropas —que no son 3.000 miembros, como afirma la institucionalidad—, rutas del narcotráfico, armas y relacionamiento político en Urabá, Bajo Cauca y 22 departamentos donde políticos han hecho alianzas para hacerse elegir, algunos de ellos reincidiendo en la parapolítica, y otros estrenándose, lo que les permite pasar incólumes en las investigaciones por corrupción y beneficiándose de la minería ilegal.

Ante la propuesta del máximo jefe de las AGC, el fiscal general de la Nación, Néstor Humberto Martínez, se pronunció, dejando claro que «el sometimiento colectivo de organizaciones criminales, como se sabe, no está previsto en la legislación colombiana. Este será un anuncio que habrá que explorar inicialmente con el señor ministro de justicia». [Leer comunicado]

En un reciente artículo planteamos que el sometimiento, si se sentaran las bases y la confianza con las organizaciones criminales, además de abordarse con una hoja de ruta que denote verdad, no impunidad, puede llevar a una paz urbana estable y duradera, con lo que se estaría cerrando una guerra que pasó del campo a la ciudad, con estructuras armadas urbanas que han creado caos en las últimas décadas.

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