Buscarlas, HASTA ENCONTRARLAS

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Colombia, 31 agosto de 2022.- El pasado martes 23 de agosto, una lideresa social visiblemente sorprendida me cuenta que para ella son muy extrañas las condiciones en las que han aparecido varias mujeres reportadas como desaparecidas en Medellín.

Una de ellas fue vista “drogada” en un hotel y sus familiares fueron agredidos por el captor. Quien tiene conocimiento sobre estos hechos teme que al denunciar sea víctima de un ataque contra su vida. Dar parte a la autoridad sobre un daño injusto y cobarde de esta naturaleza no es fácil, pues se toman muchos riesgos.

El secretario técnico del Grupo de Trabajo Multisectorial contra la Trata de Personas en Perú, Antonio Fernández Jeri, en una entrevista publicada por CHS Alternativo hace 8 años, ya insistía en la relación existente entre la desaparición forzada y la trata de personas[1]. Dentro de las causas de la desaparición que monitorea el Instituto Nacional de Medicina Legal, la trata de personas es una categoría de análisis.

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Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR, en Colombia han desaparecido más de 124.000 personas. Según cifras oficiales, el 70% de esos casos está sin resolver, lo que implica que aún falta encontrar a unas 88.500 personas. La cifra se dio a conocer en el lanzamiento de la campaña “#AquíFaltaAlguien”, etiqueta con la que el Comité invita a compartir mensajes en redes sociales para llamar la atención sobre esta problemática.

En Antioquia permanecen desaparecidas 1.955 mujeres, de las cuales tiene como hipótesis Medicina Legal que 19 fueron desaparecidas en el marco de la trata de personas y el reclutamiento forzado. El resto de los casos cuentan con una clasificación.

La periodista mexicana Aranzazú Ayala Martínez, especializada en derechos humanos, afirma que “las desapariciones de mujeres responden a lógicas distintas a las de los hombres y ocurren en lugares donde pareciera que este fenómeno es ajeno. Para buscar a mujeres desaparecidas, el manual “Caminos de búsqueda en vida” plantea que hay que tomar en cuenta factores de vulnerabilidad como violencia de género y trata de personas”.

No se necesita ser experto para entender que, en la dinámica de la desaparición de mujeres y niñas expulsadas de sus hogares por violencia, las que son enamoradas por un captor y/o quienes tienen situaciones de consumo de sustancias o alcohol, la trata de personas es una posibilidad.

La condición de vulnerabilidad facilita que redes de proxenetas con “ofertas tentadoras”, propicien una huida y desaparición de una mujer o niña. Es necesario construir una ruta de búsqueda específica en esta categoría, es decir, el “Hasta encontrarlas” debe ir a los prostíbulos, zonas de tolerancia y casas de citas, para buscar a las desaparecidas.

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Es cliché decir que las mujeres prostituidas son de la vida alegre, es un lugar común incluso decir que un prostíbulo es un lugar seguro para ellas. Cada vez son menos frecuentes los allanamientos a lugares de lenocinio. “Lo que ocurre allí se queda allí”, dicen.

No se verifica ni se investiga si hay inducción a la prostitución, se desconoce si hay mujeres sometidas por el abuso de poder o las drogas, tampoco se hace búsqueda activa de víctimas, con el fin de contrastar con registros de desapariciones sobre su paradero.

“Ella se quiso ir” es un argumento común en la búsqueda de una mujer, desconociendo su calidad de víctima al consentir su propia esclavización. En Colombia están tipificados como delito la inducción a la prostitución y la trata de personas, en los que el consentimiento de la víctima no exime de responsabilidad penal al agresor.

Por lo tanto, en la explotación sexual a través de la prostitución, no está en discusión el derecho del ser humano a decidir sobre su propio cuerpo. No tiene derecho el ser humano que instrumentaliza y explota el cuerpo de otro ser humano, en este caso para su propia satisfacción sexual o la de terceros.

El 70% de las víctimas de trata de personas son mujeres y niñas, indicó la oficina para la droga y el crimen UNODC.[2] Es por lo que la explotación sexual y la trata de personas con fines de explotación sexual son violencias basadas en el sexo, y la discriminación, determinada por factores como el ciclo vital, la etnia, la clase social, la orientación sexual y la identidad de género, entre otros.

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El manual “Caminos de búsqueda en vida” recomienda que, en casos donde existen indicios de que la desaparición puede estar vinculada al delito de trata de personas, las primeras acciones consistan en: 1) hacer un mapa de la zona donde sucede la desaparición; 2) marcar rutas en las que se ubiquen “sitios de riesgo” en los que pudo estar expuesta la mujer a la que se busca; 3) realizar entrevistas a los vecinos de la zona para obtener información sobre dichos sitios de riesgo; y 4) organizar brigadas de búsqueda sobre las rutas ya señaladas.

En redes sociales de Colombia se moviliza de forma constante la etiqueta #HastaEncontrarlas con el fin de presionar por la integridad de las mujeres desaparecidas. Se hace urgente también que, desde esta acción activista en redes sociales, se exija que la búsqueda también se haga en bares y prostíbulos, con un enfoque diferencial, presumiendo la violencia de género o la trata de personas.

* Escrito por Claudia Yurley Quintero Rolón, en el marco del proyecto de incidencia y educación de la Fundación Empodérame y Atlas Free.


[1] http://chsalternativo.org/reportealternativo/2015/01/09/boletin-n-154-existe-un-vinculo-entre-desaparicion-y-trata-de-personas/

[2] https://twitter.com/unodcesp/status/1084377032635678720?s=20&t=YxcHxejMq6DGXPM9ZsCeSg

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