Redacción Análisis Urbano 

En medio de la crisis de institucionalidad que atraviesa Medellín tras la captura del exsecretario de Seguridad, Gustavo Villegas, y que ha puesto a la alcaldía que dirige Federico Gutiérrez en el blanco de las dudas sobre la legalidad como se llevaban a cabo procesos de recuperación del orden público y la legitimidad en la ciudad, la primera semana de julio deja muestras de que hay territorios donde el Estado no hace presencia y otros son los que mandan.

Es el caso del corregimiento de Altavista y de la comuna 16 (Belén) que limita con este, donde desde hace años las bandas criminales mantienen el dominio. A pesar de la insistencia de las autoridades en declarar ambas zonas pacificadas y la presencia de un batallón de fuerzas especiales del Ejército, el grupo de operaciones especiales de la Policía, las estaciones de Policía de Altavista y Belén, más el patrullaje del helicóptero recientemente adquirido, el día a día muestra otra realidad.

En la última semana Análisis Urbano recibió dos videos de fuentes en la zona que ratifican que la situación no es de tranquilidad y que la violencia continúa en todo su auge. El material audiovisual corresponde a las madrugadas del 4 y el 7 de julio cuando las ráfagas de disparos interrumpieron el descanso de la comunidad y alertaron sobre la situación de violencia. La intervención armada da cuenta de fusilería sofisticada.

En esta confrontación armada se encuentra involucrada, al parecer, la banda de Los Chivos, liderada por Sebastián Suaza Ochoa, alias Chatán y su hermano Jean Paul Suaza, alias Pichi, ambos recién salidos de la cárcel. Se dice que Chatán buscó una alianza criminal con Los Pájaros para separarse de las AGC. Alguno de sus servidores —antes pertenecientes a Los Chemines y ahora integrados a Los Chivos—no lo acompañan, razón por la que inicia una guerra antes de Semana Santa. La confrontación se da justo cuando la institucionalidad dice que todo está bien en la zona, pero que en realidad finaliza por determinación de las AGC y La Oficina del Valle de Aburrá.

Frente a este panorama Análisis Urbano exige a la institucionalidad que rinda cuentas sobre la verdadera situación de Altavista y la parte alta de la comuna 16: ¿quién patrocina estas estructuras criminales?; ¿quién es el patrón?; ¿por qué se siguen presentando estos enfrentamientos en medio de un plan de intervención?; ¿dónde queda la institucionalidad?

Dejamos abiertos estos interrogantes mientras esperamos también que el Estado haga presencia en la zona con independencia del pacto del fusil y de la nómina paralela que flagela la legítima seguridad en la ciudad.

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